Una joven muere tras ser quemada con gasolina por su exnovio

MUJER ASESINADA CALLE REAL LA PALMA
Las clientas huyeron de la tienda. Dos de ellas volvieron a entrar para intentar apagar el fuego del cuerpo de la joven. | E. PAIZ

Laura, de 27 años de edad, murió este viernes en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital General de La Palma pasadas las 12:30 horas de la mañana, apenas una hora y media después de que su ex pareja, David B.P. de 30 años, rociara su cuerpo con gasolina tras acceder al local donde ella era dependienta y le prendiera fuego.

Laura, que llegó con vida al Hospital tras ser atendida por los servicios de Emergencia del Servicio Canario de Salud 23 minutos después de la llamada realiza al 112, no pudo superar el shock  que le provocó la falta de oxigeno como resultado de las quemaduras que sufrió en el 90% de su cuerpo. David B. P. según el relato de testigos directos de los hechos a los que el juez tomará declaración a lo largo de la mañana de hoy en el Juzgado palmero de Violencia de Género, huyó de la escena tras haber sufrido quemaduras.

David B.P. que había convivido con la joven Laura permanecía hospitalizado en estado muy grave en la misma unidad hospitalaria donde Laura había fallecido a mediodía del viernes. Allí permanece bajo custodia policial y desde allí, una vez se estabilice, será trasladado a la Unidad de Quemados de Sevilla. David llegó al Centro de Salud de Santa Cruz de La Palma por su propio pie, donde fue detenido y trasladado al servicio de Urgencias del Hospital General.

David, de 30 años de edad y vecino de Santa Cruz de La Palma, no tenía denuncias previas por maltrato de género y pese a todo varios vecinos y amigos de la joven Laura aseguraron en declaraciones a este periódico que su separación, meses atrás, fue producto de malos tratos físicos y psicológicos que la joven sufría, por lo que decidió poner fin a la relación para continuar adelante con su vida.

A las 11:00 horas de este viernes de la Semana Grande de la Bajada de la Virgen de las Nieves, apenas una hora y media después de que los Enanos lustrales terminaran su última función en La Alameda, cuando muchos regresaban a casa para desayunar y otros transitaban la principal artería de la ciudad, se oyó un grito en el número 32 de la calle Real. A continuación el sonido sordo de una explosión. Todo ocurrió muy deprisa. Gritos y humo, una gran masa de humo negro, un olor terrible. El cuerpo de Laura ardía mientras dos mujeres que hacían compras en la zapatería donde era cajera pedían ayuda y querían salir corriendo tras el agresor. Después de prender fuego a su exnovia, David salió caminando calle arriba para acceder al centro de salud y pedir que le curaran las heridas que él mismo se había provocado al quemar a su expareja.

Mientras David subía la calle, Laura yacía en el suelo de la tienda. El 90% de su cuerpo estaba quemado y poco tiempo después moriría, pero antes fue trasladada por unos cuantos viandantes hasta la ferretería de enfrente en un intento de que no aspirara el monóxido de carbono que inundaba la tienda. La gente se agolpaba alrededor de su cuerpo, de la tienda, otros pedían que los primeros policías nacionales que se personaron en la zona corrieran tras el agresor. “La ha quemado, la ha quemado viva. Corran, sube la calle se ha ido por ahí. La ha rociado con gasolina y la ha quemado”. Estupor y vergüenza, una tremenda sensación de vulnerabilidad, una brutal dosis de impotencia. Laura ha muerto.