Devoción indiana al ritmo de conga y guaracha

EUGENIA PAIZ |  Santa Cruz de La Palma

La crónica indiana del lunes de Carnaval, de riguroso blanco, tiene sabor a mojito y a caña de azucar. Su escenario, toda una ciudad entregada a la parodia de los emigrantes con más de 70.000 protagonistas de toda edad y condición.

Los polvos de talco inundandolo todo en medio de la alegría de los miles de participantes. | DA
Los polvos de talco inundandolo todo en medio de la alegría de los miles de participantes. | DA

La capital palmera es cada vez más madrugadora el Día de Indianos y la apoteosis blanca que durante décadas no llenó las calles hasta pasadas las cinco de la tarde se adelantó, como ha venido ocurriendo en las cuatro últimas ediciones, para dar la bienvenida a la seductora y bailonga Negra Tomasa, encarnada por el entrañable Sosó, desde las 11:30 de la mañana. Primero en el puerto capitalino, donde desembarcó, y luego en el atrio del consistorio municipal, agasajada por miles de devotos carnavaleros entre los que por primera vez se encontraba el cónsul de Cuba en Canarias. Al ritmo de la conga oficial que ya consitutye la banda sonora del  Día de Los Indianos, Sangre Indiana, se descubrió también la placa que da el nombre de La Habana a la plaza de España.

Los mejores encajes para disfrutar de la fiesta blanca. | JUAN ARTURO SAN GIL
Los mejores encajes para disfrutar de la fiesta blanca. | JUAN ARTURO SAN GIL

Es difícil decir dónde comienzan Los Indianos. No lo es menos afirmar dónde terminan. Si bien los actos oficiales nos trasladan a mediodía con la llegada de la mejor embajadora del Carnaval, la sandunguera Negra Tomasa, desde las 10 de la mañana ya no había aparcamientos y a la hora a la que se leía el pregón de Los Indianos, a pocos minutos de las 13:00 horas y al ritmo de congas y guarachas, miles de personas llegadas desde todos los puntos de la Isla y del Archipiélago vibraban ya en la calle.

La representación en homenaje a la emigración se ha extendido y la calle baila  desde bien temprano vestida de linos blancos y finos algodones, elegantes pamelas, con la fina ironía que solo es posible encontrar en la gran fiesta blanca de Santa Cruz de la Palma.

La larga cuenta atrás después de un año terminó y miles de indianos,  toman a esta hora las calles de Santa Cruz de La Palma. Desde el puerto a la calle Real. En unas horas, ni un sólo rincón de Santa Cruz de La Palma escapará a la locura indiana,  a la marea blanca preñada de ritmos afrocubanos, linos blancos, encajes y polvos de talco en la batalla de la alegría y el desenfreno palmero que ya se está viviendo en pleno corazón de la ciudad.

La ostentación, en la esencia del indiano recien llegado. El lunes de Carnaval brilló con luz propia un año más. | JUAN ARTURO SAN GIL
La ostentación, en la esencia del indiano recien llegado. El lunes de Carnaval brilló con luz propia un año más. | JUAN ARTURO SAN GIL

La gran fiesta del lunes de carnaval en Santa Cruz de La Palma ha transformado un año más la ciudad y demostrando, una vez más, el espíritu libre y jovial de una fiesta sin parangón, que colma las expectativas de palmeros y visitantes, de aquellos que cumplen religiosamente año tras año con el ritual de la identidad indiana, esencia de la emigración retornada de la Perla del Caribe en tiempos pretéritos, y de los que se estrenaron en medio de la grandiosidad del que ya se denónima primer desfile, el de esta mañana, con la Negra Tomasa  tomando la plaza de España al ritmo de la polca ‘Sangre Indiana’ y el que llegará esta tarde, precedido por el reparto de más de 5.000 botes de talco.

La Negra Tomasa, figura central de la fiesta en el acto de La Espera. | JUAN ARTURO SAN GIL
La Negra Tomasa, figura central de la fiesta en el acto de La Espera. | JUAN ARTURO SAN GIL

La Espera volvió a concentrar en la bautizada plaza de La Habana y el atrio consistorial a miles de personas de toda condición y edad, ávidos por reencontrarse con la tradición identitaria del pueblo palmero, que bailó al ritmo de son montuno y la guaracha.